Prohibido el paso a egipcios en las playas de Alejandría

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A mediodía las playas públicas del centro de Alejandría son un enjambre. Los niños chapotean en la orilla mientras sus padres, sentados en sillas de plástico, los observan. Un laberinto de familias y vendedores de café, té y zumos acampa sobre la arena. La segunda urbe de Egipto creada, según la mitología, por Proteo y fundada por Alejandro Magno fue una glamurosa ciudad en la que sus otrora habitantes griegos, italianos, franceses o británicos veraneaban entre versos deConstantino Cavafis. Hoy, en cambio, el centro del que ha escapado la élite- suspira por el esplendor extraviado y sus autoridades buscan fórmulas para promover como destino turístico los restos de su cochambroso callejero.

Uno de los planes que acaba de presentar en sociedad el régimen egipcio contempla la creación de playas exclusivas para extranjeros. En el último año, la cámara de agencias de viaje de la villa ha rubricado acuerdos con Italia, Chipre y Grecia para incrementar la llegada de sus nacionales y revivir la ‘belle époque’ que guardan las instantáneas en blanco y negro de veraneantes. La medida, anunciada hace unas semanas por el presidente del organismo, ha levantado una polémica inmediata.

“La gente no va a aceptar que se creen playas en las que se discrimine por el pasaporte”, replica Islam Asem, un guía turístico alejandrino que lleva algunas décadas enseñando los encantos de la Ítaca extraviada de Cavafis. “Ni siquiera durante la ocupación británica de Egipto hubo playas exclusivas para extranjeros”, agrega. “Imagino que la idea es que los turistas puedan bañarse sin molestias pero no todos los egipcios somos conservadores. Es cierto que hombres y mujeres se bañan vestidos porque, en el caso de los varones, la religión prohíbe mostrar el cuerpo desde el ombligo hasta las rodillas pero hay otros modos de separar a quienes tienen pensamiento conservador y los que mantienen un pensamiento europeo liberal”.

Para los responsables públicos, en cambio, la segregación es una respuesta a las necesidades de los visitantes extranjeros y “la oportunidad de impulsar el turismo de sol y playa en Alejandría”. Quienes han recibido con recelo la ocurrencia recuerdan que existen en la ciudad playas privadas y propiedad de hoteles que cumplen con la función sin inmiscuirse en la nacionalidad de los bañistas. “Es un signo de elitismo pero también una muestra de cómo se cierran las puertas a los egipcios que pueden y quieran permitírselo. Es, en realidad, una forma de neocolonialismo y también de odio hacia lo propio”, denuncia el analista Amro Ali, residente en una urbe que se ha convertido en el destino estival de una clase media venida a menos, castigada por la feroz austeridad impuesta por el régimen. “Esa fascinación hacia lo extranjero se ve muy bien en los anuncios de las urbanizaciones y zonas residenciales que se construyen en la costa mediterránea. Están escritos en inglés y protagonizados por actores con rostros y facciones que no son egipcias. Es una señal de un capitalismo sin compasión que niega la propia existencia de los egipcios. La cuestión es cuál será ahora la siguiente sorpresa”.

Las ideas disparatadas en Alejandría cuyo patrimonio de palacetes centenarios está siendo reducido a escombros para levantar sin licencia espigadas moles de cemento están jalonadas por la recuperación del turismo, un sector clave de la economía local arrasado por la agitación política que sucedió al derrocamiento de Hosni Mubarak y una cadena de desastres aéreos y atentados contra la minoría cristiana. Según datos gubernamentales, el número de visitantes a la tierra de los faraones se ha incrementado un 30% desde principios de año. Ni siquiera la condena a ocho años de cárcel a una turista libanesa por “ofender” al país en las redes sociales rebajada a un año entre rejas tras el recurso ni la ubicua represión de las libertades públicas, con decenas de miles de presos políticos, ha ahuyentado el regreso de los peregrinos. “Han vuelto pero ya no es lo mismo. Ahora todo el mundo puede viajar pero no todo el mundo tiene dinero para gastar”, despotrica Mahmud Mohamed, apodado ‘el Jordi’ y célebre por ofrecer en su pequeña tienda del turístico bazar de Jan el Jalili baratijas y recuerdos huérfanos de regateo.

Por su local desfilan, de nuevo, los turistas españoles en busca de papiros, pirámides en miniatura y piezas de alabastro. “Era un destino pendiente”, reconoce Rubén Salazar, un riojano de 35 años recién llegado del sur del país, donde un sinfín de tumbas y templos vuelven a recibir la visita del gentío. “Lo más llamativo es la seguridad. A cualquier lugar nos acompaña un policía armado”, confirma el joven. Junto a Sandra Nevado, son los primeros clientes del vuelo chárter que enlazaba Madrid con El Cairo y permanecía fuera de ruta desde hace más de un lustro, cuando el golpe de Estado urdido por el actual presidenteAbdelfatah al Sisidesbarató abruptamente una incipiente recuperación. El fenómeno se ha dejado sentir este verano en los hoteles españoles, inquietos por la resurrección del país árabe. “Hay mucho que ver. La esfinge de Giza es impresionante”, desliza la española apurando la última jornada de un paquete que ofrece por 1.300 euros cuatro días de crucero por el Nilo y visita a la capital de los 1.000 minaretes. El retorno entusiasma al gremio de guías, satisfechos del primer buen agosto en años. “Ya no llegan cuatro o cinco turistas. Ahora son grupos numerosos, de hasta 80 personas”, apunta Mahmud Sayed, un cicerone que acompaña a los peregrinos por la necrópolis de Giza y las maravillas que aguardan bajo las arenas de Luxor. “Muchos españoles me han comentado que regresarán el año próximo”, confiesa feliz Sayed.

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