Los afectados por derrames de petróleo en la Amazonia peruana tienen metales pesados en el cuerpo

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Casi 400 comunidades de la Amazonia peruana afectadas, desde 2014, por frecuentes derrames de petróleo padecen altos niveles de pobreza (del 45% al 59%) y desnutrición crónica, y falta de acceso a servicios de salud y educación. En marzo de 2015, el Gobierno de Perú se comprometió a realizar un estudio toxicológico de la población y tres años después se han conocido resultados preliminares: los habitantes de cuatro cuencas de la selva norte tienen en el organismo plomo, cadmio, mercurio y otros metales pesados. En un foro realizado el pasado martes, los apus (líderes de las organizaciones indígenas) exigieron al Estado atención urgente en salud, ya que sus fuentes de alimentación también están contaminadas.

“Mis cosechas de papaya y cocona ya no son buenas. Los productos como el plátano y la yuca se quedan a medio crecer y mueren, desde la raíz se pudren. Así como mis sembríos mueren, quizá también morirán mis hijos sin conocer el desarrollo: el petróleo trae desarrollo a los gobiernos, no a las comunidades”, comentó Ermilda Tapuy, representante de la etnia kichwa de la cuenca del río Tigre, en la región Loreto.

Los derrames se originan en el Oleoducto Norperuano, una infraestructura de 48 años de antigüedad y más de 800 kilómetros de longitud de la estatal PetroPerú, con deficiencias de mantenimiento, de acuerdo con las autoridades. Según un informe de mayo del regulador Osinergmin a la Defensoría del Pueblo, de las 51 fugas de crudo ocurridas entre 1997 y marzo de este año, el 50% es responsabilidad de terceros, un 16% se debe a corrosión y un 2% a fallos operativos de la empresa.

El estudio toxicológico realizado por el Centro Nacional de Salud Ocupacional y Protección del Ambiente para la Salud (Censopas), del Ministerio de Salud, se basa en muestras de sangre y orina de 1.168 personas en 39 comunidades de las cuencas de los ríos Corrientes, Marañón, Pastaza y Tigre.

Además, con la colaboración de las cuatro federaciones indígenas y familias y el apoyo de una agencia de Naciones Unidas, los especialistas recabaron muestras de aire, tierra agrícola, suelos domésticos, agua de consumo, peces y alimentos.

Tomando como referencia los estándares internacionales, el 57% de las personas tiene niveles superiores a lo permitido de plomo en la sangre (menos de 5 microgramos por decilitro); sin embargo, la norma peruana es más permisiva y su referencia es 10 microgramos de plomo por decilitro para niños y 20 mg para adultos.

Por ello, al aplicar el parámetro nacional las cifras cambian, el 22% de niños menores de 12 años y el 10% de la población de las cuencas afectadas por el crudo viven con niveles inaceptables para la salud. Tamy Okamoto, asesora de los dirigentes de las cuatro cuencas, precisó que los valores referenciales de Perú “no son aceptados por la comunidad científica”.

Además, un 26% de adultos y un 22% de los niños presentan mercurio en la sangre en valores mayores al permitido, según la norma peruana de 5 microgramos de mercurio por gramo de creatinina excretada. La contaminación por mercurio tiene consecuencias en el sistema nervioso central, en especial en los niños y mujeres embarazadas.

“El olor fuerte (del petróleo) nos afectó la cabeza, hemos sufrido porque nos daba vueltas la cabeza. Los que han quedado peor han sido los niños, actualmente están con dolor de hígado”, explica en un documental una mujer de la etnia awajún del centro poblado de Chiriaco, región Amazonas, donde hubo un derrame de más de 7.000 barriles de crudo a inicios de 2016, ocasionado por corrosión y falta de mantenimiento, según la Oficina de Evaluación y Fiscalización Ambiental. El vídeo fue presentado en el mismo foro. Más de la mitad de los niños de la muestra tomada en las cuatro cuencas tienen niveles superiores a los aceptables de arsénico en la orina, añadió Okamoto.

“Las plantas que sembramos, el aire que respiramos, el agua que tomamos, y nuestro cuerpo están contaminados y no nos creían. Son 250 comunidades contaminadas en la cuenca del río Marañón y ¿qué solución tiene el Gobierno?”, reclamó el apu Alfonso López, líder de la etnia kukama de San Pedro de Tipishica.

El representante del Ministerio de Salud, José Bernabé, señaló que algunas brigadas de trabajadores de salud van a las cuencas pero que a veces no pueden ingresar a las comunidades por no haber coordinado previamente con las autoridades.

El presidente de la Federación de Comunidades Nativas del Río Corrientes, Carlos Sandi, expresó que los puestos de salud “están abandonados en equipamiento y sin medicinas” y las brigadas de salud “solo van por cumplir y entran sin coordinar con nosotros”.

“Pero vamos a seguir enseñándole al Estado a dialogar, a respetar y asumir responsabilidades. Nos da mucha preocupación por nuestros hijos enfermos, nosotros mismos estamos enfermos, el Estado hasta ahora nos da la espalda”, acotó.

El apu Igler Sandi, dirigente de los pueblos amazónicos kichwas fronterizos de Perú y Ecuador, añadió que si no hubieran sido vulnerados por la explotación petrolera, no estarían ahora pidiendo atención del Estado.

“El Ministerio nos dice que no comamos pescado o evitemos las vísceras de los peces porque ahí se acumulan los metales pesados, pero hasta el momento no nos ha dicho con qué medicamentos nos van a curar, ingresan a nuestras comunidades y no dan ninguna solución al problema”, dijo.

El 28 de noviembre, el presidente de Perú, Martín Vizcarra, anunció que en diciembre una empresa canadiense empezará la explotación de otro lote petrolero en la misma región, Loreto. El día anterior, PetroPerú informó de un nuevo derrame de crudo a 500 metros de la comunidad indígena de Mayuriaga en Loreto: el cálculo fue de 8.000 barriles vertidos en la zona que aún no se recupera de emergencias anteriores.

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